• Los pescadores de Punta Abreojos, una comunidad pesquera en la costa del pacífico de la península de Baja California, decidieron enviar buzos a inspeccionar el fondo marino para confirmar que había una mortandad masiva de especies.
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La Paz, Baja
California Sur.- Los primeros indicios aparecieron en la orilla de la playa:
peces muertos. Después aparecieron abulones y caracoles boca arriba en zonas
cercanas a la costa y las langostas se concentraron en las pozas de marea,
pequeñas acumulaciones de agua que quedan atrapadas en las rocas cuando baja la
marea. Algo no estaba bien.
Los
pescadores de Punta Abreojos, una comunidad pesquera en la costa del pacífico
de la península de Baja California, decidieron enviar buzos a inspeccionar el
fondo marino para confirmar que había una mortandad masiva de especies.
Las muestras
llevadas al laboratorio mostraron una pista importante. Cuando los organismos
fueron colocados en agua con buena oxigenación, lograron recuperarse. Todo
apuntaba a una marea roja o florecimiento algal nocivo, un fenómeno asociado a
la proliferación masiva de microalgas que reducen drásticamente el oxígeno
disponible en el agua y afecta a la fauna marina.
Cada minuto
era decisivo para salvar el producto del que subsiste toda la comunidad. Por
eso pescadores, hijos, esposas, nueras y nietos se organizaron para rescatar y
trasladar a zonas seguras a los organismos que aún podían sobrevivir. El
esfuerzo logró salvar parte de la producción pesquera, pero aún así las
pérdidas fueron severas.
La marea roja
se extendió desde Punta Abreojos hasta Bahía Asunción y provocó una reducción
cercana al 80% de la producción de abulón de esa temporada, una de las especies
más valiosas para las cooperativas de la región.
“No colapsó
al grado de no tener abulón, pero sí al grado de tomar acciones”, señaló
Eduardo Enríquez, secretario del consejo de administración de la Sociedad
Cooperativa de Producción Pesquera Punta Abreojos que agrupa a 96 socios
activos.
Aunque no era
la primera vez que se presentaba una marea roja, esta crisis en 2017 se
convirtió en una advertencia sobre el futuro.
·
Un océano que cambia
Los
científicos coinciden en que el cambio climático está modificando las
condiciones físicas y químicas del océano.
Del lado del
Pacífico mexicano el principal problema es el aumento de la temperatura del mar
que disminuye la concentración del oxígeno en el agua, propicia las condiciones
para fenómenos extremos como mareas rojas y huracanes de mayor intensidad.
“Se ha
observado una tendencia hacia el calentamiento, particularmente en los últimos
años. Cada vez el mar tiene menos anomalías frías, pero al mismo tiempo tiene
más anomalías cálidas”, explica David Petatán, jefe del departamento de
oceanografía en el Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas (Cicimar) del
Instituto Politécnico Nacional (IPN).
Ese
calentamiento afecta la productividad primaria del océano, la base de la cadena
alimenticia marina. Como consecuencia, muchas especies buscan aguas más
profundas o migran hacia latitudes más frías.
“La productividad primaria es clave para la fertilización del
océano, el alimento de la sardina, y la sardina es el alimento base de la
cadena. El impacto de estos cambios en los ecosistemas es una cascada,
digámoslo de esa manera: algo tan sencillo deriva en efectos como la mortalidad
de las especies”, señaló Leonardo
Vázquez, consultor independiente con 20 años de experiencia en materia
ambiental, marina y cambio climático.
En Baja
California Sur, los pescadores ya observan estos cambios en el día a día.
Algunas especies tropicales aparecen con mayor frecuencia para las cuales no
tienen permiso para capturar, mientras que otras desaparecen de la zona o se
vuelven más difíciles de capturar porque se desplazan a mayores profundidades.
“La
temperatura tan alta está haciendo que los peces desaparezcan de la zona de
captura, batallan más para sacarlos o no los puede sacar porque está fuera
completamente del arte de pesca”, señaló Héctor Reyes, profesor investigador
del Departamento Académico de Ciencias Marinas y Costeras de la Universidad
Autónoma de Baja California Sur.
En la región
Pacífico Norte, parte central de la península de Baja California, el aumento de
la temperatura del mar está causando mareas rojas con efecto negativo, ya que
se presentan en zonas productivas, en grandes extensiones y por un periodo
prolongado.
Esto causa la
mortandad de especies con poca capacidad de desplazamiento que, al no resistir
las condiciones, mueren, como abulones, erizos y caracoles. Así como el
desplazamiento de especies de gran importancia comercial como la langosta que
se va cada vez más al norte a aguas más frías.
“El abulón es
de las pesquerías más rentables que tiene la cooperativa, pero a su vez también
es de las pesquerías que tenemos que tener más cuidado”, señaló Enríquez.
La reducción
de la producción a causa de fenómenos extremos implica menos ingresos para la
cooperativa. Para hacerle frente a esto, Enríquez señala que tiene que hacer
ajustes administrativos como reducir el número de embarcaciones en el mar, en
lugar de hacer equipos de dos personas, los hacen de tres para reducir gastos
operativos, así como sacar el producto cuando está en su mejor valor.
Reyes señala
que cuando se presenta un fenómeno extremo no existe una política que ayude a
los pescadores a hacerle frente. “No hay un recurso específico. Se apoya a la
gente, pero es por buena voluntad, no hay nada sistemático”, señaló Reyes.
Sin embargo,
gracias a la Red de Monitoreo Oceanográfico iniciado por la Federación Regional
de Sociedades Cooperativas de la Industria Pesquera Baja California junto con
la Universidad de Stanford y la organización Comunidad y Biodiversidad, las
cooperativas del Pacífico Norte pueden identificar algún fenómeno extremo con
tiempo para monitorear su evolución y actuar con anticipación para prevenir
pérdidas económicas.
Petatán,
junto a un grupo de investigación, actualmente identifican cuáles son los
principales estresores climáticos y no climáticos, así como las medidas de
adaptación que consideran viables las comunidades costeras de Baja California
Sur.
Con los
resultados, crearán un atlas de cambio climático y fichas técnicas de cada
especie para analizar los cambios en su distribución si la temperatura sigue
avanzando, así como el impacto social que tendría dependiendo de la dependencia
económica de las comunidades. La idea es que todo esto quede plasmado en el
Programa Estatal de Cambio Climático de Baja California Sur que está en proceso
de actualización.
Adaptarse
pese a la incertidumbre
Las
comunidades pesqueras dependen de recursos cuya abundancia, distribución y
disponibilidad son cada vez más difíciles de predecir. Ante ese escenario, la
adaptación deja de ser una opción para convertirse en una necesidad para
subsistir.
“El cambio
climático lo que trajo es un nivel de incertidumbre muy grande. Ahora en todas
las proyecciones debe haber un manejo del riesgo. El tema con el cambio
climático es que el manejo del riesgo es tan impresionante que ninguno de los
escenarios funcionan. Entonces, tienes que pensar en cómo vas a moverte. Si te
puedes mover rápido, te puedes adaptar rápido”, señaló Ortiz.
Por ejemplo,
después de la crisis del abulón, la cooperativa de Punta Abreojos entendió que
depender de un par de pesquerías era un riesgo, por eso, desde entonces comenzó
un proceso de diversificación para disminuir su vulnerabilidad.
Una de las
estrategias fue fortalecer el cultivo de ostión, actividad que existe en la
comunidad desde la década de 1970. También han impulsado proyectos turísticos
con cabañas, pesca deportiva, kayak y buceo.
Al mismo
tiempo, buscan obtener mayor valor económico de otras especies que antes no
eran tan importantes como el verdillo, una pesquería a la que están
incorporando técnicas de manejo postcaptura para acceder a mercados que paguen
mejores precios.
“Nuestra
visión ha sido más de pescar menos, pero venderlo mejor”, explica Enríquez.
De esta
manera, pasaron de extraer mil 200 toneladas de verdillo al año, a las 700 que
extraen actualmente. La lógica es obtener el mejor valor posible del producto
capturado si los volúmenes de captura disminuyen por factores ambientales.
También hacen
cultivo de abulón para repoblamiento y ayudar al medio natural a recuperarse.
“Todavía no nos recuperamos, es la realidad, pero estamos en ese proceso”,
señaló Enríquez.
En el caso de
la cooperativa de Punta Abreojos, han podido adaptarse a las nuevas condiciones
del clima con muchas complicaciones, sin embargo, existen otras cooperativas
que son menos favorecidas que ellos.
Rafael Ortiz,
director del programa de océanos de Environmental Defense Fund (EDF) México,
advierte que la capacidad de adaptación no depende únicamente de los
pescadores, sino que existen problemas estructurales que aumentan su
vulnerabilidad y las dificultades para adaptarse.
A las
amenazas climáticas se suman carencias históricas en educación, salud,
infraestructura y acceso a financiamiento.
“El sector
más vulnerable es la pesca ribereña. Nuestras comunidades costeras de México ya
llegaron con una deuda muy fuerte en el piso básico de derechos, con una
vulnerabilidad alta porque no tienen lo básico: educación, salud,
infraestructura, etcétera”, señaló Ortiz.
Por ello,
especialistas, organizaciones y autoridades trabajan en la construcción de
planes de adaptación climática para el sector pesquero. Estos instrumentos
buscan orientar inversiones públicas, fortalecer sistemas de monitoreo y
desarrollar mecanismos de respuesta más rápidos ante fenómenos extremos.
En Baja
California Sur, el gobierno estatal y diversas organizaciones ya colaboran en
la elaboración de un Plan Estatal de Acción Climática para la pesca y la
acuacultura, como ya se hizo en Sinaloa y en
Yucatán.
“Curiosamente,
los pescadores son muy adaptables ante cualquier cambio de situación, pero todo
el ecosistema de desarrollo alrededor de él no. Ahí es en donde tenemos que
trabajar para que el proceso de adaptación sea fácil y rápido”, señaló Ortiz.
La idea es
que estos planes ayuden a etiquetar presupuesto y personal para actuar de
manera estratégica con las comunidades ante los efectos del cambio climático lo
más pronto posible. El plan estatal de Baja California Sur está en construcción
junto al gobierno del estado y la intención es que sea publicado antes de que
termine la administración estatal en curso (2027).
“Hace poco la
cooperativa entró en un proceso difícil, tanto económico como de baja
producción. Pero dijimos, hay de dos, resurgimos o nos quedamos ahí. Tenemos
que entender la parte de la naturaleza, tenemos que jugar con la parte externa
de cómo se están moviendo los mercados. Si sabemos adaptarnos yo le veo mucho
futuro”, señaló Enríquez.
*Este artículo forma parte de la serie #CuandoCambiaElMar y se publicó originalmente en Causa Natura Media