• Académica de la UABCS explica los ciclos de auge, crisis y resurgimiento de esta tecnología
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La Paz, Baja California Sur. -
Aunque hoy la inteligencia artificial (IA) vive un momento de auge sin
precedentes, con aplicaciones cotidianas como asistentes virtuales, chatbots,
reconocimiento de imágenes o modelos generativos, su historia no ha sido un
camino lineal hacia el éxito. Durante décadas, la IA fue considerada una
promesa incumplida, enfrentando periodos de escepticismo, recortes
presupuestales y estancamiento investigativo conocidos como los inviernos de la
IA.
Así lo expone la Dra. Andrea
Margarita de Anda Trasviña, profesora-investigadora del Departamento Académico
de Sistemas Computacionales de la Universidad Autónoma de Baja California Sur
(UABCS), en un análisis donde recorre los principales momentos de retroceso y
recuperación que han marcado esta disciplina desde su origen en 1956.
Según explica la catedrática
universitaria, este concepto se refiere a los periodos en los que el entusiasmo
por la IA se desvaneció y dio paso a la desilusión, debido a expectativas
irreales, limitaciones técnicas o falta de aplicaciones prácticas.
“El término resume fases en
que los proyectos de IA no lograron cumplir con las expectativas de su tiempo
y, como consecuencia, la inversión y el interés disminuyeron drásticamente”,
apunta la investigadora.
Tras la célebre conferencia de
Dartmouth, donde John McCarthy acuñó el término “Inteligencia Artificial”, se
esperaba un futuro prometedor. Sin embargo, pronto aparecieron los primeros
obstáculos.
Indica que, durante su periodo
inicial, entre 1966 y 1973, la IA enfrentó grandes dificultades técnicas y
conceptuales. El caso más emblemático fue el fracaso de la traducción
automática, incapaz de comprender el contexto y el sentido profundo de las frases.
La célebre retraducción de “El
espíritu es fuerte pero la carne es débil” como “El vodka es bueno pero la
carne está podrida”, ilustró crudamente estas limitaciones, detalla la
académica de la UABCS.
A ello se sumaron los escasos
resultados de los algoritmos genéticos y las críticas de Marvin Minsky y
Seymour Papert en su obra Perceptrons de 1969, donde desacreditaron las redes
neuronales artificiales.
La Dra. de Anda Trasviña
sugiere que el golpe definitivo llegó con el informe Lighthill en 1973, que
cuestionó severamente la incapacidad de la IA para resolver problemas
complejos, lo que generó recortes de fondos en Reino Unido y un retroceso
generalizado a nivel internacional.
Entre 1987 y 1993 se produjo
lo que se conoce como el Segundo Invierno, donde la IA vivió un breve
resurgimiento con los sistemas expertos, como MYCIN (diagnóstico clínico) y
XCON (configuración de equipos de cómputo). Aunque mostraron aplicaciones muy prometedoras,
sus altos costos, dificultad de mantenimiento y rigidez para adaptarse a nuevos
contextos terminaron por evidenciar sus limitaciones.
A este desencanto se sumó el
fracaso del proyecto japonés Fifth Generation Computer Systems (FGCS), que
prometía revolucionar la informática mediante máquinas lógicas y procesamiento
paralelo.
“Cuando las soluciones no
pudieron mantenerse a la par de las expectativas, tanto la industria como la
academia comenzaron nuevamente a distanciarse de esta tecnología”, explica la
Dra. Andrea de Anda.
No sería sino hasta los 2000
cuando vendría el despertar moderno y resurgimiento definitivo de la IA,
impulsado por el incremento del poder de cómputo, especialmente con las GPU el
acceso masivo a grandes volúmenes de datos y avances sustanciales en aprendizaje
profundo.
Esto permitió el regreso de
las redes neuronales, antes desacreditadas. El punto de inflexión fue 2012, con
AlexNet, un modelo que revolucionó la clasificación de imágenes en la
competencia ImageNet. “Desde entonces, el avance ha sido vertiginoso. La IA ya
no es un concepto futurista, sino parte esencial de la vida cotidiana”, señala
la académica.
Para la investigadora de la
UABCS, la historia de la IA demuestra que su evolución ha sido cíclica, marcada
por olas de entusiasmo, desencanto y renovación. Las limitaciones de cada época
han contribuido a construir avances más sólidos y a entender que el progreso
depende de la colaboración interdisciplinaria.
No obstante, advierte que el
auge actual también presenta desafíos importantes, entre ellos los límites en
la capacidad y escalabilidad de los modelos, altos costos energéticos,
saturación de datos de entrenamiento, y riesgos éticos y de transparencia.
Incluso, apunta que algunos
especialistas plantean la posibilidad de un nuevo invierno si no encontramos
maneras sostenibles de seguir avanzando. Por eso, más que dejarnos llevar por
el entusiasmo, necesitamos una reflexión crítica sobre si estamos construyendo
un futuro sostenible o estamos viendo los primeros indicios de un nuevo
“Invierno”, concluye.