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Hoy es miercoles, 25 de noviembre de 2020

Rodolfo Reyes, revolucionario artista inspirado en José Martí

• A prueba de balas, tortura, desencuentros políticos, Rodolfo Reyes, nunca ha concebido el arte como algo superfluo y conservador; al contrario, su lucha encarnizada por llevar la danza a todos los rincones de Latinoamérica

Rodolfo Reyes, revolucionario artista inspirado en José Martí

 

CIUDAD DE MÉXICO.

A prueba de balas, tortura, desencuentros políticos, Rodolfo Reyes (Chiapas, 1936) nunca ha concebido el arte como algo superfluo y conservador; al contrario, su lucha encarnizada por llevar la danza a todos los rincones de Latinoamérica siempre ha tenido como detonador al poeta e ideólogo José Martí: “Solamente un pueblo culto puede ser veramente libre”.

Lejos de todo populismo ramplón, el bailarín, maestro, coreógrafo y promotor ha dedicado su vida a darle verdadero sentido comunitario a lo que parecería ser un arte elitista y burgués. Fundador de grandes agrupaciones dancísticas en Cuba, Ecuador, Chile y Nicaragua, entre otros países, Reyes también creó grupos en México, como Alternativa y Barro Rojo.

Su legado es inconmensurable y, lejos de la imagen del viejito cansado, a sus 83 años sigue dando clases, escribe con lucidez y sigue intentando crear centros culturales o reavivar los ya existentes. Es tenaz e impecable.

A principios del siglo XXI le hice una entrevista para ser trasmitida para la serie radiofónica Vida al aire. Durante esa larga conversación, siempre directo y feroz en su militancia hacia la izquierda, sin tapujos, me abrió diversos episodios de su transcurrir en la cultura de países donde la danza se transformó gracias a procesos revolucionarios, algunos de ellos traicionados y otros, por suerte todavía pervive.

Durante aquella larga plática para la radio, Rodolfo, guapo y con unos ojos claros espectaculares, cantó, bailó, declamó y, por su vitalidad e inteligencia, dejó atónito al equipo de producción. Todos lloramos durante aquella mítica experiencia.

Rescato un fragmento de aquella entrevista, que publiqué en el libro Vida al aire,editado por Morfina Editorial, Tinta Azul y el Fonca:

—¿Cómo surgió la semilla revolucionaria en usted?

“­Los que me marcaron fueron mis amigos indios, los muchachos que iban conmigo a la primaria y no pudieron terminarla porque tenían que limpiar zapatos o vender chicles o trabajar en cualquier cosa cuando eran muchísimo más inteligentes que yo, más capaces que yo. Yo no podía terminar ni el primero ni el segundo, ni el tercer año. El cuarto, quinto y sexto fueron horribles, porque yo no sabía, yo no podía, no quería esa forma de entender el mundo.

“Entonces empezaron a pasarme cosas físicas, tenía raptos epilépticos. Parecía que no me gustaba el mundo, que me encabronaba todo lo que veía, que estaba mal hecho, y lo que yo hacía mal me encabronaba más…pero no sabía cómo se ‘podía hacer bien’.

Estos raptos necesariamente tuvieron médicos y brujas que me llenaron de limpias. Y una mujer me leyó el chulel, Ahí lo conocí: era una especie de venado que se convertía en tigre, vivía –y vive, espero—, en mí. El chulel es un ‘algo’ que tenemos en el centro del pecho, donde vive y sale cuando quiere y se va haciendo como tú, y tú te vas haciendo como él; yo a veces me convierto en venado y otras en tigre.

“Mis padres decían: ‘Este muchacho está loco, no tiene nada que ver con esta gente, con esta ciudad, con nada. Hay que mandarlo a la Ciudad de México’. Y me mandaron a estudiar escultura, porque yo hacía figuras de barro para Navidad…

Lo vamos a mandar adonde aprenda a hacer santos, porque los santos se venden bien’ y acá llegué.

“Yo vivía cerca de La Esmeralda. Y allá voy un día, me inscribieron para aprender a hacer esculturas y conozco ahí a Fidencio Castillo, a Rosa Castillo y a un personaje que me marcó para toda la vida: Francisco Zúñiga”.

El periplo de Reyes dentro de la cultura latinoamericana es un suceso histórico. Es tiempo de darle el reconocimiento que merece su estatura artística. Bien por la medalla, pero sus contribuciones al reconocimiento de las danzas negras e indígenas del continente deberían valerle mucho más que eso.