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Fernando del Paso toca el corazón de los internautas

lunes 26 noviembre 2018 | Por: Redacción | Cultura Fernando del Paso toca el corazón de los internautas

• 'Y cuando estábamos conscientes de lo absurdo de la vida, y de que un día nos olvidaríamos el uno del otro, entonces hacíamos el amor inútilmente'...

CIUDAD DE MÉXICO.- Fernando del Del Paso fue un apasionado del dibujo y las letras que legó novelas inmortales; pero hay una pieza que recorre las redes sociales, que verdaderamente es una joya, como todo su legado.

 

Se trata de un extracto de su novela Palinuro de México.

 

El premio Cervantes 2015 Fernando del Paso, quien murió a los 83 años, consideró que dibujar era una "venganza" de su mano izquierda "al acto de escribir", mismo que le consagró en como autor de novelas colosales como "Noticias del Imperio", una obra maestra de la narrativa mexicana.

 

De Palinuro de México extraemos estas líneas:

 

Hacíamos el amor compulsivamente. Lo hacíamos deliberadamente.

 

Lo hacíamos espontáneamente. Pero sobre todo, hacíamos el amor diariamente. O en otras palabras, los lunes, los martes y los miércoles, hacíamos el amor invariablemente. Los jueves, los viernes y los sábados, hacíamos el amor igualmente. Por últimos los domingos hacíamos el amor religiosamente.

 

O bien hacíamos el amor por compatibilidad de caracteres, por favor, por supuesto, por teléfono, de primera intención y en última instancia, por no dejar y por si acaso, como primera medida y como último recurso. Hicimos también el amor por ósmosis y por simbiosis: a eso le llamábamos hacer el amor científicamente. Pero también hicimos el amor yo a ella y ella a mí: es decir, recíprocamente. Y cuando ella se quedaba a la mitad de un orgasmo y yo, con el miembro convertido en un músculo fláccido no podía llenarla, entonces hacíamos el amor lastimosamente.

 

Lo cual no tiene nada que ver con las veces en que yo me imaginaba que no iba a poder, y no podía, y ella pensaba que no iba a sentir, y no sentía, o bien estábamos tan cansados y tan preocupados que ninguno de los dos alcanzaba el orgasmo.

 

Decíamos, entonces, que habíamos hecho el amor aproximadamente.

 

O bien Estefanía le daba por recordar las ardilla que el tío Esteban le trajo de Wisconsin y que daban vueltas como locas en sus jaulas olorosas a creolina, y yo por mi parte recordaba la sala de la casa de los abuelos, con sus sillas vienesas y sus macetas de rosasté esperando la eclosión de las cuatro de la tarde, y así era como hacíamos el amor nostálgicamente, viniéndonos mientras nos íbamos tras viejos recuerdos.

 

Muchas veces hicimos el amor contra natura, a favor de natura, ignorando a natura.

 

O de noche con la luz encendida, mientras los zancudos ejecutaban una danza cenital alrededor del foco.

 

O de día con los ojos cerrados.

 

O con el cuerpo limpio y la conciencia sucia.

 

O viceversa.

 

Contentos, felices, dolientes, amargados.

 

Con remordimientos y sin sentido.

 

Con sueño y con frío.

 

Y cuando estábamos conscientes de lo absurdo de la vida, y de que un día nos olvidaríamos el uno del otro, entonces hacíamos el amor inútilmente.

 

Para envidia de nuestros amigos y enemigos, hacíamos el amor ilimitadamente, magistralmente, legendariamente.

 

Para honra de nuestros padres, hacíamos el amor moralmente.

 

Para escándalo de la sociedad, hacíamos el amor ilegalmente.

 

Para alegría de los psiquiatras, hacíamos el amor sintomáticamente. Y, sobre todo, hacíamos el amor físicamente.

 

También lo hicimos de pie y cantando, de rodillas y rezando, acostados y soñando. Y sobre todo, y por simple razón de que yo lo quería así y ella también, hacíamos el amor voluntariamente.

 

 

 

Nacido en Ciudad de México el 1 de abril de 1935, de niño soñó con dedicarse al humor gráfico, posibilidad que rechazó por falta de habilidad con el lápiz pero que retomó años después como una especie de liberación.

 

Los primeros pasos del autor se encaminaron al dibujo, una de sus grandes pasiones, pues de 1955 a 1969 trabajó como creativo en el mundo de la publicidad.

 

Diplomático, académico y periodista residió en Londres más de una década (1970-1985), donde fue locutor de la BBC, y entre 1986 y 1988 fue el agregado cultural de la embajada de México en París y después cónsul (1988-1991).

 

Considerado uno de los grandes estilistas e innovadores en lengua española, publicó en 1958 su primer libro, el poemario "Sonetos de lo diario", al que seguirían novelas con una profunda vocación histórica.

 

"Yo creo que a muy grandes rasgos toda novela es historia. En toda novela se puede aprender algo de la historia de una época", explicó el escritor.

 

Dijo que las buenas encerraban "una recreación muy hábil de la vida", y sostenía que la buena literatura enseñaba "cómo es el ser humano, aunque más bien sus aspectos trágicos".

 

Entre sus novelas están "José Trigo" (1966), considerada un libro precoz, innovador en el uso del lenguaje y surgido en pleno "boom" latinoamericano, y "Palinuro de México" (1982), una parodia en torno a un estudiante de medicina que se ve involucrado en el movimiento estudiantil de 1968, que quedaría marcado por la trágica matanza ocurrida el 2 de octubre de aquel año en la Plaza de Tlatelolco.

 

Pero sin duda la más emblemática de las novelas de Del Paso fue "Noticias del imperio" (1986), un trabajo monumental que logró recrear con maestría el efímero Imperio Mexicano encabezado por Maximiliano y Carlota (1864-1867).

 

Su editora en España, Carmen Balcells (1930-2015), que fue recibiendo el libro por partes, le aconsejó en un primer momento recortarlo, pero posteriormente se dio cuenta de que, por la precisión y estructura del relato, era imposible hacerlo y fue publicado como quería Del Paso.

 

En una entrevista con Efe, Del Paso explicó que desde pequeño quedó fascinado por un relato que en México se explicaba en las escuelas "en forma muy breve, casi anecdótica", pero que a él le impresionó siendo un niño.

 

"Supe que habíamos tenido un emperador rubio a quien habíamos fusilado y una emperatriz a quien llamábamos Mamá Carlota, que había enloquecido y muerto muy viejita", agregó entonces.

 

Además, es autor de ensayos como "El coloquio de invierno, con Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez" (1992) o "Memoria y olvido, vida de Juan José Arreola" (1994), o "Viaje alrededor del Quijote" (2004), y en el género dramático su obra "La muerte se va a Granada" (1998), inspirada en la muerte de Federico García Lorca.

 

En poesía dejó títulos como "De la A a la Z: Poemas para niños" (1988), "Paleta de diez colores" (1990), "Castillos en el aire" (2002) y "PoeMar" (2004).