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'El espacio público, el alma de las ciudades': Enrique Norten

viernes 16 noviembre 2018 | Por: Redacción | Cultura 'El espacio público, el alma de las ciudades': Enrique Norten

• Que la construcción de una nueva línea del Metro o de otro aeropuerto hayan estado en el centro de la polémica, no es un problema de la arquitectura, afirma Norten

CIUDAD DE MÉXICO.- Que la construcción de una nueva línea del Metro o de otro aeropuerto para la Ciudad de México hayan estado en el centro de la polémica, no es un problema de la arquitectura, afirma Enrique Norten. “Los problemas del aeropuerto, de la Línea 12, no fueron de arquitectura; sin defender ninguna de las posiciones, creo que el del aeropuerto fue un problema de otra índole, nadie ha cuestionado para bien o para mal la calidad de la arquitectura que se había propuesto, es un problema de urbanismo, de política, probablemente de ecología, pero no esencialmente de arquitectura”, dice.

 

Norten, uno de los más destacados arquitectos mexicanos en el mundo, mantiene su despacho (TEN Arquitectos) entre la capital azteca y Nueva York. Ocupado en una intensa vida académica, trabaja al mismo tiempo distintos proyectos que erige por todas partes. Hoy sumará un premio a su carrera: en una ceremonia en el Museo Tamayo Arte Contemporáneo recibirá la Medalla Bellas Artes que otorga el INBA a los más distinguidos creadores mexicanos.

 

El arquitecto lamenta, en lo personal, que se haya frustrado la construcción de un nuevo aeropuerto para la ciudad: “Creo que había mejores salidas. Yo hubiera querido tener un gran aeropuerto en un futuro cercano, independientemente de la calidad de la propuesta que se consideró; lamento evidentemente la pérdida económica de los mexicanos”, dice en entrevista.

 

La visión de Norten acerca de la arquitectura trasciende la simple construcción de obra nueva. Su idea sobre la disciplina se fue formando desde sus años de estudio en los 60: hoy también es un activo conferencista y académico, y opina que la enorme tradición cultural y constructiva de este país forjó una sensibilidad especial en el mexicano para apreciar la arquitectura. La mirada, piensa, se amplió por aquellos años cuando comenzó a formarse.

 

Empecé exactamente la carrera en 1972. Los 70 son mis años de formación y México era un país muy diferente, muy cerrado, que veía casi siempre hacia adentro y nunca afuera, con límites muy bien establecidos y donde había dos grandes discusiones: una que tenía que ver siempre con nuestro pasado prehispánico y otro con nuestro pasado popular, y en ese momento la arquitectura que se hacía, o la que era validada, tenía que ver con esas dos condiciones”, señala.

 

Como en otras disciplinas, la arquitectura buscaba el “mexicanismo”, pero las condiciones cambiaron rápido: “Muy pronto eso fue destruido cuando México comenzó a ser global; a mí me toca salir del país, formarme fuera (Norten se inició en la Universidad Iberoamericana, luego hizo una maestría en la Universidad de Cornell) y empecé a dialogar con el resto del mundo, algo que mis predecesores veían con reticencia”. Norten recuerda que la labor fue reconocer que la globalización había llegado y las ideas y pensamientos fluían de otra manera.

 

El reto era combinar esa visión con el vocabulario nacional, con la tradición que la arquitectura mexicana arrastra. Hoy por hoy, piensa, su obra puede identificarse como mexicana, a pesar de ser universal.

 

—¿En dónde se identifica ese rasgo?, se le pregunta: “Creo que en las luces, en las proporciones, en los ritmos, en muchas condiciones que son intrínsecas de la arquitectura y que van mucho más allá de esa superficialidad, que es la envolvente misma de un objeto”, responde.

 

La manera de concebir la arquitectura de Norten ya incluye discusiones sobre el bienestar de la sociedad, el espacio público o la configuración de las urbes. Cree que una ciudad, antes que levantar edificios magníficos que se conviertan en destinos, necesita trabajar en una articulación de todos sus elementos, donde el espacio público es esencial.

 

La ciudad está hecha, en igual condición de importancia, de masa y de vacío; muchos siguen viendo la arquitectura como la creación de objetos. Nuestras ciudades no deberían ser, o no quieren ser, una acumulación de objetos independientes sino de objetos articulados por ese vacío que llamamos ‘espacio público’, pero éste no es el residuo de lo construido, es la esencia de las ciudades; y los objetos construidos, la masa, de alguna manera tiene que articular ese vacío”, concluye.