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Huellas de papel; la literatura produce perros y gatos memorables

lunes 23 abril 2018 | Por: Redacción | Cultura Huellas de papel; la literatura produce perros y gatos memorables

Dos volúmenes reúnen algunos relatos en honor a estos dos grandes acompañantes de la humanidad

MÉXICO.

La literatura está repleta de perros y gatos. Personajes entrañables hechos de papel y tinta que habitan el continente de la imaginación y que sirvieron como pretexto para llevar a cabo la compilación de los libros Dejar huella. Perros de papel, de la memoria, de la imaginación y Una sombra en el andén. Relatos fantásticos de gatos y trenes, bajo el sello editorial Cal y Arena.

Uno de los perros más conocidos es Argos, el amigo de Ulises, quien protagoniza en La Odisea —compuesta hacia el siglo VIII a.C.— una de las escenas más antiguas y paradigmáticas, que describe la fidelidad extrema entre del perro hacia el hombre.

 La escena coloca al viejo Argos sobre un montón de estiércol, casi ciego y habitado por las pulgas, quien descubre a su viejo amigo tras una ausencia de 20 años, para sólo levantar las orejas y mover la cola, mientras Ulises derrama una lágrima para luego verlo morir a sus pies.

También está el gran Colmillo Blanco de Jack London, el perro lobo salvaje que, tras superar una etapa como perro de pelea, y casi morir, es finalmente domesticado; o el temible sabueso de los Baskerville, de Arthur Conan Doyle, aquella bestia negra de mandíbula prolongada y dientes muy afilados.

 

O la historia de Canis Novus, de Naief Yehya, que cuenta cómo fue transmutado el perro en cyborg, y en ese proceso la mascota se convierte en un iCan al que se le instala un software con la identidad del perro que fue.

Los gatos no podían quedar atrás. Ahí está La Squaw, el relato donde Bram Stoker cuenta la historia de una gata que vive en la calle y contempla la muerte de su cachorro en manos de Elias P. Hutcheson, un hombre que accidentalmente lanza una roca y aplasta la cabeza del minino, desatando la rabia y la venganza de la madre, un animal oscuro y de ojos esmeralda que llevará a Hutcheson a un desenlace inesperado.

Además, está el célebre relato de El gato negro, escrito por el famoso Edgar Allan Poe, que ha sido señalado como uno de los cuentos más siniestros del autor estadunidense; o incluso El gato de Brasil, Arthur Conan Doyle, dentro de la saga protagonizada por Sherlock Holmes, el más famoso de los detectives de ficción.

 

 

ESENCIA DE LOBO Y DE CHACAL

 

Es tan importante la presencia del perro en la vida de los seres humanos que cómo no iba a tomar parte en la literatura; el perro ha acompañado al hombre desde tiempo inmemorial, aunque provenga del lobo y del chacal”, dice a Excélsior la escritora y académica Anamari Gomís, encargada de la compilación Dejar huella. Perros de papel, de la memoria, de la imaginación, que incluye una selección con 12 relatos que sirven para recordar la relación entre perros y hombres.

El volumen abre con Sueños, nada más, de Sergio Pitol; Quevedo para un perro, de Ángeles Mastreta; Canis Novus, de Naief Yehya; Mi vida entre los perros, de Alicia García Bergua; Las limpiezas de los profetas, de Mario Bellatin; y Si me les voy, de María Luisa La China Mendoza.

Y cierra con Perro que ladra, de David Martín del Campo; Vida de perros, de Sandra Lorenzano; Lucas en la niebla y Moska, de Rafael Pérez Gay; Yoko, de Orfa Alarcón; Dolly, de Eusebio Ruvalcaba; y Sultán y Kash, de Eduardo Cerdán.

La académica por la UNAM recuerda que los perros siempre han acompañado a los seres humanos y por eso también tenían que aparecer en la literatura y, sin querer mencionarlo a todos, hace un repaso por algunos de los perros más conocidos de la literatura.

Ahí está Colmillo Blanco, el primer lobo salvaje que luego es domesticado y nos recuerda que incluso los lobos pueden ser encantadores; y un ejemplo distinto es Mijail Bulgákov que, en Corazón de perro cuenta la historia de un canino callejero, llamado Sharik, al que un cirujano convierte en humano y desarrolla un comportamiento desastroso, mostrando una encarnación narcisista del nuevo hombre soviético.

Para Anamari Gomís, el perro en la literatura es el reflejo de la lealtad y del agradecimiento, “dos grandes cualidades que el ser humano difícilmente puede tener. Mientras que un perro siempre te agradece que les de comer, que pases tiempo con él, que lo cuides… los seres humanos somos muy desagradecidos”.

Y aunque considera que “el concepto del perro no ha evolucionado, en términos de que sigue siendo ese personaje bueno, afable y buena compañía, existen relatos, como el de Naief Yehya, donde se plantea la producción de perros robóticos, un tema que comprende motivos éticos y muy complicados que ha sido explotado en la literatura estadunidense”.

Este libro también recuerda al Flush de Virginia Woolf, un cocker spaniel que perteneció a la poeta decimonónica Elizabeth Barret Browing; o el caso de Mario Bellatin, quien escribe sobre los saluki, esos perros sagrados en el islam que son considerados puros.

Pero la lista de perros como personajes literarios resulta larga e inabarcable”, comentó Gomís. Por ejemplo, no se podría omitir a los personajes caninos en la obra de Julio Verne; a Cipión y Berganza, recuperados por Miguel de Cervantes en El coloquio de los perros, donde el autor hace que ambos animales sostengan una conversación; o la triste y solitaria vida de Sirio, el perro ovejero recreado por William Olaf Stapledon tituló uno de sus libros de ciencia ficción publicado en 1994.

Además del perro que Stephen King hizo volver de entro los muertos en Cementerio de mascotas; o el Tombuctú de Paul Auster, donde Mr. Bones debe aceptar que su amo, un homeless, está a punto de morir.

¿Por qué se dice que los perros siempre se parecen a sus dueños?, se le inquiere a la escritora. “No estoy segura. Pero es cierto que creas tal relación de afecto con los perros que sí llega un momento en que el vínculo hace que ellos se parezcan a ti, o tú a ellos. Incluso hasta físicamente. Sé que en el caso de los gatos se trata de seres más independientes, misteriosos y fascinantes y que a todos nos subyugan los felinos y la manera más fácil de estar de un felino es un gato”.

¿Considera que el ser humano utiliza la literatura para proyectar sus manías y afectos en perros y gatos? “Perros y gatos siempre saben si estás triste, enojado o si algo te pasa, aunque no podemos saber por qué. Citas El gato negro, de Allan Poe, y ahí podemos ver cómo el personaje principal proyecta en el gato su culpa, al punto en que cree que éste lo juzga y opta por deshacerse de él.

Claro que les pasamos nuestros problemas y son nuestro reflejo. Nosotros nos reflejamos en ellos. Y aunque quizá nunca sabremos qué sienten, cómo opinan, qué quisieran hacer o no hablen… tenemos una relación fantástica con ellos y por esa razón pasan a la literatura y a la pintura”, explicó.